| Foramen
oval permeable: el final está cerca
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By Prof Costantino Balestra, DAN Europe Vice President Research and Education |
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Otra posibilidad es utilizar un test de "pares alineados", lo que mejora la calidad estadística de los resultados de una población retrospectiva, aunque tampoco asegura una valoración concluyente del riesgo implicado. |
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| El estudio de “pares alineados” | ||
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Se analizó a un grupo de 37 buceadores que habían sufrido una ED con el fin de ver si tenían FOP. Para ello se utilizó la técnica más eficaz: la ecocardiografía transesofágica. Los pares de buceadores se establecieron basándose en criterios como la edad, peso, sexo, consumo de tabaco, etc. Quienes nunca habían tenido una ED se sometieron al mismo análisis estándar de ecocardiografía . La incidencia de enfermedad descompresiva cerebral era mayor entre quienes tenía FOP, aunque ello no quiere decir que la presencia de un FOP sea la causa desencadenante de la ED, sino más bien que constituye un riesgo potencial. De hecho, son siempre las burbujas las que la motivan. Si comparamos con los resultados de otros estudios, como Bore hizo en su metaanálisis , podemos observar que las metodologías de evaluación del FOP no están normalizadas, es decir, los autores no se ponen de acuerdo respecto al método de aplicación del ecocardiógrafo. Todo esto dificulta la obtención de datos que puedan ser fácilmente comparables. Así pues, lo que nos interesa es la metodología y la bioquímica de la apertura del FOP. ¿Cómo se abre el FOP para dejar pasar a las burbujas? |
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Variaciones en la presión
intratorácica.
En este punto cabría preguntarse por qué el aumento de dicha presión está relacionado con la apertura del FOP. En realidad, el FOP no se abre como consecuencia directa del incremento, sino más bien por la disminución de la presión. Expliquémoslo con más detalle: cuando realizamos un esfuerzo que hace que la presión intratorácica se incremente, el flujo de sangre venosa hacia la cavidad torácica se bloquea o se ralentiza, ya que la sangre siempre fluye hacia las áreas donde la presión es menor (gradiente de presión). Esta sangre que queda "bloqueada" fuera del tórax entra enérgicamente en la aurícula derecha una vez se ha REDUCIDO la presión intratorácica; la dirección de apertura del FOP es de derecha a izquierda, por lo tanto puede abrirse con este aumento del flujo desde la aurícula derecha.
Así pues, hemos comprobado que la variación
de la presión puede medirse, y hemos establecido también cuál es
la intensidad de presión necesaria para abrir el FOP. En el
gráfico 100% igual a la presión tienen cabida variaciones
significativas de la presión intratorácica, siendo las otras
medidas métodos estándar, como la maniobra de Valsalva efectuada
durante la inmersión para compensar los oídos, la tos, una
contracción isométrica del tórax, etc. Una de las primeras
medidas es la de observar la diferencia de presión entre la
maniobra de Valsalva para compensar los oídos y la maniobra de
Valsalva forzada. |
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Para hacerlo, tuvimos que comprobar las variaciones en la presión en un momento dado, es decir, hicimos una regresión matemática y calculamos el coeficiente angular de la recta. |
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Después de haber medido esta recta, también
puede calcularse la diferencia estadística entre sus
inclinaciones, de manera que podemos saber si una de las
velocidades es verdaderamente distinta de las otras. Los
resultados demuestran que no existen diferencias estadísticas
entre las velocidades, es decir, que si la presión intratorácica
es lo bastante elevada, su velocidad de disminución será siempre
la misma, independientemente de cuál sea la maniobra. Así pues,
el parámetro fundamental en la inversión del flujo intracardiaco
tras la disminución de la presión es el tiempo durante el cual
se mantiene el nivel de presión. En resumen, lo importante NO es
la magnitud de la PRESIÓN, sino más bien el TIEMPO que ésta
dura. Por ejemplo, los buceadores con FOP deberían procurar no
soplar para inflar el chaleco compensador de flotabilidad en la
superficie, además de no subirse a la embarcación con todo el
equipo, para evitar así el esfuerzo prolongado (4 o 5 segundos).
“Manchas” en el cerebro y FOP |
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Para evitar una incorrecta selección de la población, elegimos a un buceador de cada cuatro. Posteriormente, comparamos la cantidad y la extensión de las "manchas" que presentaban los buceadores y los no buceadores. El número de manchas era algo mayor en el caso de los buceadores, aunque la diferencia no era significativa. Esto va en contra de lo que algunos autores dicen de las poblaciones no aleatorias y sin grupo de control. Además, para asegurar la exactitud de los resultados, se utilizó un filtro especial que permite un diagnóstico fiable de la secuencia FLAIR (siglas en inglés de FLuid-Attenuated Inversion Recovery, recuperación mediante inversión con atenuación del flujo). Otro escollo que hubo que superar fue la posibilidad de encontrar zonas naturalmente lagunares, conocidas como espacios de Wirchow-Robin, y diagnosticarlas como "LESIONES". La conclusión es que no podemos demostrar una mayor prevalencia de "manchas cerebrales" entre los buceadores, incluso en el caso de quienes tienen FOP. Pero ahora la cuestión es si estas manchas son de origen vascular o si sencillamente están ahí, sin que exista ninguna relación con las burbujas arteriales de origen vascular que podrían venir del FOP. Para estar seguros, habría que realizar la autopsia a los cuerpos de los buceadores, lo cual supone un pequeño problema ético. De todos modos, hay una solución alternativa: el análisis fractal. Análisis fractal de imágenes
cerebrales Otra cuestión que surge en el tema del foramen oval permeable es si su situación anatómica puede variar con los años o durante la inmersión. ¿Puede el buceo hacer que se abra el
FOP? En estos momentos no podemos asegurar sin lugar a dudas que el FOP no pueda abrirse con la práctica del buceo, o incluso con otras actividades como el tocar la trompeta o el saxofón. ¿Podemos definir el riesgo que implica el FOP en las actividades subacuáticas? |
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Actualmente la respuesta es NO. Como ya hemos dicho, no hay una relación directa con el riesgo, que de todos modos parece ser menor de lo que se creía. Para dar una respuesta definitiva a esta pregunta sería necesario un estudio prospectivo que evaluara el riesgo relativo del FOP. DAN ha abierto una línea de investigación en la que cualquiera que desee inscribirse puede participar. Se trata de un estudio internacional que se realiza desde diversos centros y que analiza el FOP en buceadores con un método mínimamente agresivo validado por DAN: el Doppler carótido (véase la imagen), un sistema que también ha adoptado la NASA, gracias a DAN Europe. Para asegurar la validez estadística, necesitamos la intervención de al menos 4.000 buceadores voluntarios. Visite la página web y participe. Conclusiones. Como fundación científica, en DAN financiamos estos estudios que nos benefician a todos, aportando un equipo de científicos que ponen todo su entusiasmo y dedicación, y que trabajan en colaboración con diversas universidades, laboratorios y centros hiperbáricos. En lo referente a la cuestión del riesgo que supone el FOP, es evidente que no es grande, y que el verdadero peligro no es la existencia del FOP, sino las burbujas de gas circulantes. En DAN estamos desarrollando el sistema DSL, que permitirá el análisis de las burbujas que circulan por el plasma de los buceadores deportivos, y ya hemos publicado los algoritmos de "protección frente a las burbujas", pero de todos modos, la investigación continúa. |
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Desde
el año 1989, cuando DAN America publicó el primer artículo sobre
la posible relación entre el foramen oval permeable y las
enfermedades por descompresión (Moon, Camoresi et al), no ha
habido ni un momento de respiro en la búsqueda de la verdad
acerca de este tema. En 1996, el departamento de investigación
de DAN Europe comenzó a investigar para intentar responder a
algo que en ese momento, y como consecuencia de dicho artículo,
motivaba una seria preocupación: ¿Es el riesgo de padecer una ED
mayor en el caso de un buceador con FOP? .
Las
burbujas descompresivas se encuentran fundamentalmente en las
venas; en el caso del corazón, están principalmente en las venas
cavas superior e inferior. Con frecuencia, los buceadores
consideran el FOP como un agujero que constituye un paso
continuo entre la aurícula derecha y la izquierda, la parte del
corazón que corresponde a las arterias y donde no querríamos ver
burbujas (véase la ilustración). La sangre que llega desde la
vena cava superior, antes de tocar el FOP, tiene que pasar una
especie de pliegue previsoramente dispuesto por la naturaleza.
Esto produce un brusco incremento en el ritmo de este flujo, que
se encuentra con el que viene de la vena cava inferior, de modo
que se genera una turbulencia que hace que las burbujas PASEN
por el tabique interauricular. Así pues, si lo interpretamos
correctamente, en condiciones naturales las burbujas no tienen
por qué atravesar el foramen oval. Entonces ¿qué sucede con las
burbujas inyectadas en el ecocardiograma transesofágico para
medir el FOP, que sí pasan a la aurícula izquierda? La razón es
que los movimientos respiratorios invierten el flujo
intracardiaco producido por las variaciones de la presión
intratorácica.


Hace
unos años, hubo una serie de estudios que manifestaron la
relación entre el FOP y las "LESIONES" cerebrales . Desde
entonces se han publicado otros que han llegado a la conclusión
de que no existe una relación directa . En todos ellos, sin
embargo, nos encontramos con el mismo sesgo de población al que
nos referíamos anteriormente. Así pues, DAN solicitó a dos
grupos de personas (50 de ellas buceadores y otras 50 no
buceadores) que se sometieran a resonancia magnética nuclear
cerebral. Todos los participantes tenían que ser menores de 41
años, ya que según los estudios pueden producirse lesiones
cerebrales espontáneas a partir de los 45 años de edad. El rasgo
distintivo era que la población del estudio era aleatoria.
Pedimos 400 voluntarios: 200 buceadores y 200 no buceadores. En
el caso de los buceadores, tenían que declarar que nunca habían
padecido una ED, aunque en ocasiones se omitieron ciertos
accidentes, y las afecciones cerebrales en concreto no se
tuvieron en cuenta por ser los síntomas de tipo benigno o de
breve duración (¿quién de nosotros no ha sentido alguna vez
después de bucear