Inmersiones en Calpe

Moraira y Benitatxel (35' desde Calpe)

Dos inmersiones que hacemos en ocasiones por necesitar un buen tiempo.

Las paredes de Moraira muy parecidas al Peñon de Ifach y las grutas de benitatxel en las cumbres del sol hacen que las inmersiones sean diferentes y amenas, predomina la arena en sus fondos.

 

El edén de Cala Moraig
UN festón dorado. De Calpe a Denia, la Costa Blanca esconde una sucesión de playas de arena y cantos rodados, muchas de ellas accesibles sólo por mar o abruptas barrancas
 

Texto y fotos: José María Galiana
10/06/2004
 

No hay mapa de carreteras ni guía turística que den razón de Cala Moraig, edén próximo a Benitachell oculto por impresionantes escarpes rocosos que superan el centenar de metros de altura. Son los últimos coletazos del Sistema Bético, la cordillera alpina más importante de la peninsula Ibérica, un paraje grandioso e inesperado, un escenario tan de película que en esta zenefa de guijarros blancos y arena tostada se han rodado, que uno sepa, dos filmes: Ataque verbal, de Miguel Albaladejo, y la serie televisiva El secreto de la porcelana.
 

CALA MORAIG. A esta playa maravillosa se llega desde Benitachell, atravesando la urbanización Cumbre del sol. ./ J.M.GALIANA

Las guías no dan razón pero la gente se orienta, y los domingos, entre submarinistas, guiris, mirones y público en general, la pendiente asfaltada, que en el último tramo alcanza un 22% de desnivel, parece un jubileo. Siempre queda la posibilidad de tomar a la izquierda –antes de encarar el tramo más acusado– un barranco florido, agreste y pedregoso que lleva a una caleta virgen y solitaria, un pellizco de playa, pues no tiene más allá de seis metros de ancho por diez de largo. Un Mediterráneo verdoso y transparente, besa la arena tibia y fina de este capricho de la naturaleza ceñido por la mole rocosa del morro Falquí, a dos brazadas de un islote y de otras dos caletas ensoñadoras a las que sólo es posible acceder en hidropatín (lo alquilan en la playa). Más allá nos espera la cala de los Testos, los morros de Robait, La Blanca y El Castell, parajes de abrupta belleza que parecen extraidos de la Costa Brava, como el entorno de los cabos San Antonio, La Nao, Negro y San Martín.

Viñas y pescadores

Benitachell es un municipio de la Marina Alta, tierra de viñas, artesanos, turistas y pescadores que por la noche bajan a capturar el calamar y la sepia en cala Moraig, a la que algunos llaman cala al-Moraig, para dejar constancia de su origen árabe.

Las casitas blancas de Benitachell coronan un cerro equidistante entre Jávea y Moraira, pero el paisaje aparece dividido entre el relive del Puig Llorensa, otro coletazo bético de 440 metros de altura, y la franja litoral, que esconde playas inéditas y grutas naturales de gran belleza.

Para ir a cala Moraig se cruza La cumbre del sol, urbanización de notables proporciones desparramada por la ladera oriental del Puig Llorensa, desde cuya cima se divisa el Peñón de Ifach y el Montgó, dos hitos emblemáticos de la Costa Blanca.

CALA GRANADELLA. Estandarte ecologista, desde hace unos años es Parque Natural. / J.M.G.

Algunas guías recomiendan visitar estos paraísos de la Marina Alta en febrero, cuando florecen los almendros, pero todas las épocas y escenarios ofrecen sobrados atractivos para husmear en sus montes y labrantías, en la subasta del pescado, en las callejas pinas y ensortijadas, en el mar cristalino de El Portet o en el cabo de Oro.

Al-Moraig es una delicia los días laborables (dispone de aparcamiento y chiringuito). Abierta al mar, el sol espejea en el agua y reverbera en los acantilados rojizos que la ciñen: los asiduos aseguran que los bronceados de esta cala son muy sensuales. Se dan aquí unas especiales condiciones climáticas, razón por la cual el sol brilla más de trescientos días al año y la temperatura media anual es de 21º C. Esto también afecta positivamente al agua, que alcanza niveles térmicos de 26ºC en verano y nunca baja de los 14ºC en pleno invierno.

A veces, se siente un calor africano, sobre todo en el antiguo pinar que da sombra a uno de los miradores perfumado por el sotobosque mediterráneo. Desde esta altura, el excursionista alerta sus sentidos, sigue el vuelo en picado de las gaviotas, rastrea en el horizonte la torre de defensa que prevenía de los ataques piratas, sufre el vértigo de los acantilados, envidia a los que se broncean en la cala de los Testos, y finalmente decide zambullirse en en una idílica playa de guijarros y arena, La Granadella, una de las más abrigadas de este litoral escarpado y hermoso que ofrece casitas en alquiler a pie de playa y un par de restaurantes con terrazas al mar, un minúsculo núcleo de población que recuerda la costa mejicana, alfombrada de pinos que parecen rodar por los acantilados.

La anchura del mar, contemplada desde el morro del Castillo, despierta el deseo de hacerse a la mar y conocer la panorámica inversa. Jávea posee más de 25 kilómetros de litoral formado por grandes escarpes rocosos, grutas naturales y calas íntimas. En estos paredones y cresterías se conserva una fauna y flora de alto valor ecológico, y en algunos islotes próximos, como El Descubridor y el Portichol, hay importantes colonias de cormoranes y aves marinas.
 

ESCARPES. Las paredones de Cala Moraig tienen más de cien metros de altura. / J.M.G.

Esta festón dorado es una sucesión de puntas, morros, islotes, acantilados y playas frecuentadas en todo tiempo, pues sólo en Moraira hay censados más de un 60% de residentes europeos que disfrutan durante todo el año de la calma y tibieza de sus aguas.

Prueba de ello es la playa del Portet, dormida en el regazo del Cabo de Oro, lengua rocosa en cuya cumbre se yergue una de las torres vigías que Felipe II ordenó construir en el siglo XVI para controlar la costa y avisar a las poblaciones vecinas de los ataques berberiscos. Arriba, en el lomo del cabo, se encuentra la cueva de la Cendra, habitada desde el paleolítico superior (15.000 a. C.). A este bastión privilegiado acudieron otras culturas primitivas que dejaron en el morro del Castellar pinturas rupestres esquemáticas y restos de cerámica.

Desde allí se domina el espacio marítimo comprendido entre el cabo de la Nao y el peñón de Ifach (el horizonte es más amplio: la sierra de Aitana y en los días claros, la isla de Ibiza), pero aún más llamativo, lo que sorprende al visitante, es la transparencia de unos fondos marinos donde se alternan lechos de arena y losas superpuestas, refugio de pulpos, sargos, erizos, salmonetes, doncellas...

La Granadella

Ir a La Granadella implica desandar el camino de cala Moraig, llegar a Benitachell, seguir en dirección a Jávea y, poco antes de llegar a una gasolinera, desviarse en Cami Cansalaes, un paisaje que recuerda a la campiña francesa: cepas de uva moscatel destinada a la producción de pasas, vino blanco y mistelas, olivos viejos, cañaverales, almendros, frutales, palmeras, casas con muros y cantones de piedra, sombrillas de colores en las terrazas de los restaurantes....

La Granadella forma parte de los llamados Miradores de Jávea, una decena de rutas ecoturísticas harto recomendables y bien señalizadas, pequeños paseos que no exceden de las dos horas y media y que permiten el contacto con la naturaleza y la cultura de Jávea.
 

D’AMBOLO. El islote del Descubridor cierra esta playa naturista. / J.M.G.

La Granadella es un reducto ecologista. Antes de llegar al Cabo la Nao, hay una carretera estrecha y sinuosa que lleva hasta un improvisado aparcamiento a pie de playa. En una de las revueltas, antes de llegar a la cala, se lee: «Mafia especuladora, mafia incendiaria». Los montes pelados son una evidencia dolorosa. Felizmente, hace tres años se consiguió la declaración de Parque Forestal y se detuvo la voracidad urbanizadora.

La primera imagen es de sorpresa. Otra vez el intenso azul del mar, la blancura de los guijarros, los escarpes que cierran la bahía, los veleros fondeados, la sensación de abrigo y de libertad, la tersura del agua, las puestas del sol que tiñen de sangre este mar encalma. Como toda la franja litoral, esta ensenada es ideal para la práctica del submarinismo.

Una de las rutas sube al castillo de la Granadella, emplazado en el «morro» que por el sureste abrocha esta deliciosa playa de cantos rodados en forma de herradura, de boca estrecha y fondos de piedra y arena. Construido en 1739 sobre una torre anterior del siglo XV, el castillo, que contaba con artillería y un aljibe que abastecía, «en tiempos de paz», a una guarnición de tres hombres. Pese a tener muros de más de dos metros de espesor y sillares de tosca, fue destruido por las tropas inglesas durante la guerra de Napoleón.

Su función era vigilar y proteger la entrada a la cala Granadella y al rincón de Ambolo, playa naturista donde reina el silencio y la tolerancia, otro abrupto paraje semicerrado por un islote largo y estrecho que parece mirar el Cabo de la Nao.

 

Cueva dels Arcs
J.M.G.
 
UN RIO SONORO. La cueva de los Arcos tiene 15 kilómetros. /J.M.G.

GRUTAS. En la franja litoral comprendida entre Moraira y Denia hay numerosas cuevas horadadas por el mar y el viento, calas abruptas y grutas litorales como la dels Arcs (los Arcos), donde fluye un sonoro río de aguas ocultas, un capricho de la naturaleza que esconde en su interior un lago y un río subterráneo de 15 kilómetros de longitud, sólo apto para submarinistas expertos. Se encuentra en el extremo oeste de la cala de Moraig.

Sport Moll (965 744 257) organiza excursiones de tres horas, equipo incluido, en la citada cueva del Arcs. En cala Moraig hay un aparcamiento junto al chiringuito y duchas. También se alquilan piraguas, hidropatines, tumbonas y sombrillas. En temporada alta conviene ir antes de las once de la mañana, porque el acceso se colapsa. Moraig está a cuatro kilómetros de Benitachell.

Varios autocares de la línea Jávea Alicante paran diariamente en el pueblo .